by Mika » Sat Mar 17, 2012 4:29 pm
El informe mágico que continúa los hallazgos del fenecido archimago Nolakwen y su concilio de magos no puede ser más preocupante. La hueste del archimago élfico desembacó en lejanas tierras orcas en busca de nuevos conocimientos mágicos. Tras la irreparable pérdida del líder de la hueste, las fuerzas élficas se encontraron en una hondonada entre dos enormes ejércitos enemigos. A la diestra, relucían a la luz innumerables diminutas armaduras enanas, entre baterías de artillería. A la siniestra, una hueste aún mayor de malolientes ratas. En la encrucujada, los tres ejércitos se movían cautelosamente para evitar ser envueltos, mientras los enanos repartían muerte desde la distancia. El Archimago élfico Suleil se encomendaba al saber de los cielos y trataba de invocar poderosos hechizos, que eran dispersados una y otra vez. Sin embargo, no podían anular todo su poder y rayos atronadores y boals de fuego mermaban las líneas enemigas. Desde las líneas skaven, un descuidado estandarte teñía los cielos de vórtices de tormenta, dificultando la visión de las tropas de proyectiles. En el centro del campo de batalla, un poderoso dragón estelar contemplaba despectivo el escenario.
Los elfos decidieron iniciar las hostilidades a corta distancia. Un carro puso fin a la existencia del lanzallamas skaven mientras que los príncipes dragón empalaban nauseabundas ratas exploradoras y apuntaban hacia las enormes ratas ogro, azuzadas desde la retaguardia por sus cuidadores. El contragolpe de las ratas fue encaminado hacia los enanos en forma de una imparable Rueda de la muerte, que sembraba la destrucción con sus rayos de brillante color verde y las cuchillas que orlaban sus ruedas, segando enanos por doquier. El flanco de los enanos estaba amenazado, mientras que la caballería élfica se debatía entre las ratas ogro. Estas horrendas criaturas morían, pero se llevaban a nuestros caballeros entre sus garras. Aunque perdieron el combate, aguantaron tas contemplar la fiera mirada del Portaestandarte de batalla Skaven.
Ante el incesante fuego enano, los skaven y los elfos decidieron pactar una delicada tregua para dedicarse primero a los cobardes que matan desde lejos para después pelear como valientes, sintiendo el aliento del rival. El archimago invocó un poderoso cometa de Casandora, que mermó un flanco de batalla, aniquilando enanos y ratas por igual. Pero la sonrisa de los labios de trocó en una mueca de desesperación cuando acto seguido un error en el control de un hechizo desembocó en un torrente de energía mágica que borró del mapa toda su unidad de guardia lancera, sobreviviendo únicamente el Portaestandarte de batalla, herido, y un lancero y teletransportó al hechicero a los mundos de la disformidad. Al mismo tiempo, unas ratas alcanzaban uno de los lanzavirotes y el vidente skaven invocaba un conjuro que terminaba de aniquilar a los caballeros de dragón, junto con algunas de sus ratas como daños colaterales. Las fuerzas élficas estaban tocadas de muerte.
Entonando cánticos de venganza, los maestros de la espada desenvainaron sus mandobles e imperturbables marcharon hacia la muerte segura, sabiendo que su piel se vendería cara. Frente a ellos, todo un ejército de enanos. A su flanco, inmundas ratas. Filas de matadores enanos se lanzaron al torbellino de destrucción. El señor de la espada de batía en duelo con el matadragones enano. Una muerte gloriosa. Los enanos caían, las crestas rojas bañaban el suelo. La retaguardia de los maestros estaba totalmente desguarnecida, y las ratas chillaban detrás deseando aprovechar la coyuntura. NO importaba, la venganza se serviría hoy caliente.
Los skaven y los elfos eran diezmados por los cañones y cañones órgano enanos, que al mismo tiempo sucumbían unidad tras unidad , desde girocópteros hasta atronadores y cañones,a la furia de la rueda de la muerte. Los aurigas del carro élfico, con los uniformes de batalla chamuscados por la descarga del lanzallamas, pasaban a la dotación del cañón skaven a cuchilla y enfilaban el grueso de la batalla.
El vidente gris montado en su armatoste y acmopañado por todo su séquito de lujo enfilaban hacia los enanos, aunque delante se interponía el dragón estelar. EL astuto general intentó evitarlo, pero la furia asesina de los coludos pudo con ellos, y se vio arrastrado hacia un enfrentamiento directo con el hercúleo reptil. LA furiosa jaruía logró atravesar la piel escamosa del dragón, que respondía aniquilandoratas. La gran rata, armada hasta arriba de cachivaches a cual más sorprendente, logró herir también al dragón, que por miedo a volver a ser herido, efectuó una retirada estratégica.
Extasiados en su victoria, no vieron al portaestandarte élfico y su lancero acompañante cargar por el flanco y empalar roedor tras roedor. Se quedaron enzarzados ante estos dos elfos que abrían brecha en sus filas. A su derecha, los maestros de la espada eran diezmados en la brutal carga por al retaguardia, no sin antes decapitar a algunos roedores más. La unidad de alimañas recibía la carga de los rompehierros enanos en el gran duelo del fin de la batalla. Las fuerzas estaban equilibradas. Tras una jornada de intenso duelo, y un campo surcado de cadáveres, así se llegaba al fin de la gran batalla. Cuando el humo se alzó a los cielos y el polvó se posó en el suelo, las ratas eran el ejército más entero, seguido del enano. Los elfos por su parte, habían sufrido una amarga derrota y se habían dado cuenta, una vez más que la magia es un arma de doble filo, y al igual que en la batalla anterior, había hecho más daño del que había propiciado.